Imprimir

Inteligencia emocional en la escuela

(Artículo Publicado en Revista Mensaje, Julio 2002, N° 510, Vol. LI)
Claudio Ibáñez S.

¿Qué posibilidades y ventajas tendría para los estudiantes la aplicación de un currículum que incorpore con mayor atención lo "emocional" sin descuidar lo "intelectual"? El desarrollo de la inteligencia emocional puede ser más determinante para desempeñarse en forma exitosa a lo largo de la vida y para lograr una mejor convivencia humana.

La inteligencia es uno de los tópicos de estudio más característico en psicología y, no obstante existir diversas definiciones y teorías sobre ella, hay consenso en que alude a la capacidad para adquirir conocimientos y aplicarlos a la solución de nuevos problemas. Inteligencia y éxito son conceptos que han caminado juntos, ya que se supone que la primera es un factor predictor del segundo 1.

Hasta la década de los 80 la inteligencia era vista como un conjunto de capacidades esencialmente intelectuales (capacidad de análisis, de síntesis, de razonamiento, de memoria, etc.), siendo el CI (Cociente Intelectual) su medida más aceptada. Sin embargo, ya los primeros psicólogos dedicados a estudiar científicamente esta capacidad, como Thorndike y Wechsler, habían hecho notar que, probablemente, existían factores no-intelectuales vinculados al comportamiento inteligente.

En 1983, Howard Gardner, psicólogo de Harvard, planteó con claridad que la inteligencia no era una capacidad unidimensional limitada al ámbito lógico-matemático y lingüístico, sino que existían múltiples tipos de inteligencias y que, en consecuencia, una persona podía ser inteligente en áreas distintas a la meramente intelectual. Al sacar el concepto de inteligencia del ámbito intelectual en que se encontraba confinado, Gardner pavimentó con claridad el camino hacia la inteligencia emocional. Si bien fue el psicólogo Reuven Bar-On en su tesis doctoral en 1988 el primero que habló de un "Cociente Emocional" paralelo al CI, hay que atribuirles a Salovey y Mayer, dos psicólogos de la Universidad de Yale, el término "inteligencia emocional" en un artículo pionero publicado en 1990 referido al impacto de los componentes no-intelectuales sobre la inteligencia. El mérito de rescatar este concepto del mundo académico y hacerlo conocido entre el público corresponde a Daniel Goleman, psicólogo de Harvard, con su libro Inteligencia Emocional, publicado en 1995 mientras se desempeñaba como editor científico de The New York Times.

La inteligencia emocional (ie)

El calificativo "emocional" que se da a esta inteligencia ha llevado a muchos a pensar que se trata de una nueva psicología de los afectos o de los sentimientos, o que se refiere al control de las emociones primarias, como la ira, la pena, la ansiedad, etc. Sin estar excluidos, estos temas no representan lo esencial de la IE, ni desde el punto de vista teórico ni de los temas que abordan los especialistas que trabajan en este campo.

El modelo descriptivo más integrador de la IE es el propuesto por Goleman. Según éste, la IE estaría integrada por cuatro factores básicos: la capacidad para darse cuenta y tomar conciencia (self-awareness); la capacidad de automanejo, control y autorregulación (self-management); la capacidad de darse cuenta de los otros, de su comportamiento y del impacto del nuestro sobre ellos (social-awareness); y la capacidad para influir y manejar las relaciones con los demás (relationship management). Tales capacidades constituyen los cimientos sobre los que se construyen las competencias de IE. Estas competencias son, esencialmente, destrezas, habilidades y comportamientos de auto-manejo y de interacción con los demás y con el entorno. Entre estas, podemos mencionar la persistencia frente a las dificultades (lo que Seligman denomina optimismo aprendido); resiliencia (o capacidad para recuperarse de la adversidad); destrezas de manejo de las propias expectativas personales; habilidades para manejar diferencias y conflictos; destrezas de negociación; habilidades para influir en otros y ejercer dirección, para trabajar en equipo, establecer redes sociales; y -en nuestra opinión la destreza más importante-, la habilidad para darle un sentido o significado a lo que se hace.

Múltiples investigaciones transversales y longitudinales muestran que, aunque necesarios, el CI y los conocimientos técnicos no son suficiente garantía de éxito. Así, por ejemplo, un trabajo de los investigadores Snarey y Vaillant sobre movilidad social publicado en 1985 en la revista Child Development, en que participó un grupo de 450 niños, encontró que el CI tenía escasa relación con el éxito de las personas en sus trabajos cuando adultos. Los factores diferenciales más importantes tenían que ver con sus habilidades durante la infancia para manejar las frustraciones, controlar sus emociones y relacionarse con otros2 . Una de las conclusiones más sólidas de la psicología en las últimas décadas es que las personas con IE son más productivas y exitosas personal y profesionalmente, se recuperan más rápido de las adversidades, gozan de mejor salud y poseen mayor esperanza de vida.

La escuela y el desarrollo de la ie

Cuando se toma conciencia del potente impacto de la IE, la pregunta inmediata que surge es si ésta se puede aprender y desarrollar. La respuesta no sólo es positiva, sino que la conclusión de los expertos es que mientras más temprano se inicien los procesos de enseñanza-aprendizaje socio-emocional, mejor y más sólidos serán los resultados. Esto lleva a preguntarse qué está ocurriendo en las escuelas con el desarrollo de la IE de los alumnos.

Maurice Elias, uno de los psicólogos líderes en la investigación y el desarrollo de programas de IE para niños y adolescentes, ha destacado que como padres y educadores tenemos absoluta claridad sobre lo que queremos que nuestros hijos y alumnos logren. Queremos que sean personas responsables, no-violentas, cariñosas, con motivación de logro, que no se derrumben ante las dificultades, que no caigan en el alcohol ni en las drogas y que lleguen a ser personas productivas en sus familias, lugares de trabajo y en sus comunidades. En resumen, deseamos que tengan éxito en la vida.

La importancia de este tipo de objetivos educacionales es tan evidente que en Chile incluso varios de ellos están explícitamente contemplados como Objetivos Transversales Fundamentales en los Decretos Supremos 220 y 240 del Ministerio de Educación, y en muchos colegios forman parte de la declaración de principios de los respectivos proyectos educativos.

Pero, en la práctica, cuando se observan los contenidos programáticos y el quehacer educativo real en los colegios, es fácil darse cuenta de que el énfasis está puesto en los conocimientos y contenidos técnicos: que nuestros hijos aprendan a leer, a escribir, que sepan matemáticas, ciencias sociales, computación, química, física, etc. Padres y apoderados también empujamos en esa misma dirección. En cambio, aspectos como el desarrollo personal, moral y social de los alumnos, el respeto al otro, el espíritu emprendedor, el respeto a la diversidad, la autoafirmación, el desarrollo del pensamiento crítico, las habilidades de comunicación, el sentido positivo de la vida, el trabajo en equipo, aparecen débilmente en alguna actividad, charla, consejo o prédica de los maestros, o en una frase en el diario mural de la sala de clases. Sin embargo, son precisamente estas habilidades de IE las que van a permitir a nuestros hijos no sólo sobrevivir sino que hacerlo con éxito.

ie al currículum regular

En países desarrollados como EE.UU. son cada vez más las escuelas y colegios que vienen incorporando programas de desarrollo de IE dentro del currículum regular de la enseñanza. Los programas SEL (Social and Emotional Learning) y los de Ciencia de Sí-Mismo (Self-Science) son programas curriculares completos y comprensivos, con objetivos operacionales y metodologías probadas para desarrollar en los alumnos las herramientas claves para el éxito como personas en el largo plazo: tolerancia, resiliencia, destrezas de comunicación, manejo de emociones, manejo de diferencias, manejo del fracaso y de la adversidad.

¿Cuáles son los beneficios obtenidos por las escuelas en que se han aplicado programas de IE? Disminución de la depresión entre los alumnos, resolución pacífica de conflictos, baja de quejas disciplinarias, disminución de conductas hostiles y agresivas, aumento de los comportamientos pro-sociales, menores tasas de deserción escolar, disminución del stress, disminución de comportamientos auto-destructivos y, de manera muy importante, mejoras notorias en el rendimiento académico.

Pedagogía emocional

Probablemente el avance más importante en el campo de la IE ha sido aclarar la forma en que este tipo de inteligencia puede ser desarrollada en las personas. Durante los últimos 40 años las investigaciones han acumulado bastante evidencia sobre los procesos que conducen a este tipo de aprendizaje. Para desarrollar competencias emocionales no es suficiente la tradicional educación valórica basada en charlas sobre el tema, o en folletos o frases apelativas puestas en un diario mural, ni tampoco las declaraciones de principios y valores contenidos en un proyecto educativo. Los ingredientes claves consisten en estrategias y metodologías especializadas, destinadas a poner en marcha el circuito neurológico emocional en que estas destrezas y competencias se asientan, única forma de producir cambios actitudinales y conductuales que se autosustenten y perduren en el tiempo. Esto supone estructurar programas con objetivos, contenidos, metodologías y sistemas de evaluación acordes con la naturaleza del aprendizaje socio-emocional e integrarlos formalmente al currículum.

Un requisito sine qua non es entrenar a los maestros en pedagogía emocional. Las carreras pedagógicas contemplan poco y nada estos temas en la formación de los maestros. El aprendizaje social y emocional representa la revolución más importante y desafiante en educación en las últimas décadas y, probablemente, reconfigurará toda la educación.

Psicólogo U. de Chile, afiliado a la American Psychological Association. Director Ejecutivo de Enhancing People Ltda. www.enhancingpeople.com
1 De hecho, los primeros intentos por medir y cuantificar la inteligencia llevados adelante por Binet en Francia (1905), tenían por objetivo predecir el desempeño escolar de los niños
2 A conclusiones similares llega otro estudio desarrollado en la universidad de Berkeley en 1950, con un grupo de 80 estudiantes doctorados en ciencia. Su seguimiento cuarenta años después, cuando estas personas bordeaban los 70 años de edad, mostró que las habilidades de inteligencia emocional eran cuatro veces más importantes que el CI en la determinación del éxito y del prestigio profesional de estas personas.

Imprimir

Cerrar Ventana