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Emociones

(Publicado en Economía y Negocios de El Mercurio, Martes 30 de septiembre de 2003)
Claudio Ibáñez S.*

En nuestros programas de entrenamiento en resiliencia, cuando preguntamos por las características que tienen los actuales entornos, la respuesta invariable es que son tremendamente turbulentos, impredecibles y de mucha incertidumbre.

Sin duda que en los complejos entornos actuales, la vida es bella, pero no es nada de fácil. El trabajo, la familia, la crianza de los hijos, todo resulta complejo y extenuante. Los problemas emocionales crecen en cantidad e intensidad. Aún descontando el impacto de eventuales pseudolicencias, la depresión, el estrés, las crisis de pánico y los suicidios, muestran cifras alarmantes. Se estima que 20% de la población está afectada por estos problemas. Sin embargo, estas cifras constituyen la punta del iceberg, pues un porcentaje no despreciable queda en el área oculta.

Las personas viven en silencio su desmotivación y desgano. La falta de entusiasmo pareciera ir ganando espacio como un modo normal de existencia. No sólo psicológicamente la pasamos mal. La salud física también se ve afectada. Se estima que los problemas emocionales impactan en más del 50% de los problemas médicos, desde el simple resfrío, pasando por los cálculos renales, hasta el cáncer. La calidad de vida se ve profundamente deteriorada y la resignación o los fármacos parecieran ser la única herramienta al alcance, en el mejor de los casos. En el peor, el alcohol, las drogas y el suicidio.

El negativo impacto de las emociones mal manejadas no se limita a las personas. El National Institute of Mental Health ha estimado que en Estados Unidos se gastan entre 1,3 a 4,0 billones de dólares al año en gastos médicos y absentismo laboral que genera la depresión. El manejo emocional inadecuado deteriora, de manera importante, el funcionamiento de la economía.

La falta de entusiasmo, de persistencia, los sentimientos de incapacidad, de baja iniciativa, la ausencia de espíritu emprendedor, la aversión al riesgo, las profecías negativas que se autocumplen, la escasa capacidad para trabajar bajo presión, son productos de la escasa habilidad emocional.

Hoy disponemos de un sólido y coherente cuerpo de información proveniente de investigaciones científicas bien controladas y de la experiencia clínica que muestra que las personas pueden aprender a regular sus emociones incluso frente a las situaciones aparentemente más devastadoras. Cuando en nuestros programas las personas descubren los mecanismos psicológicos que controlan las emociones y aprenden a manejarlos, se dan cuenta que han adquirido una de las herramientas más importantes para navegar con éxito en los impredecibles entornos actuales.

* Psicólogo U. de Chile, afiliado a la American Psychological Association. Director Ejecutivo de Enhancing People Ltda. www.enhancingpeople.com

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